Un terremoto sacude el centro de México en el aniversario de la catástrofe de 2017

EL MUNDO recorre el lugar más golpeado por el seísmo del 19 de septiembre de hace cinco años justo cuando un nuevo seísmo de magnitud 7.7 ha golpeado el centro de México Leer

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Álbum Destrucción y caos en México tras el terremoto de magnitud 7,1 Terremoto en México Solidaridad internacional con México

Un terremoto de magnitud 7.4 sacude de nuevo el centro México cinco años después de que el país sufriera uno de los seísmos más graves de su historia. A las 13.14 de la tarde, durante 90 segundos interminables, un seísmo de 7.6 grados sacudió la vida de millones de personas del interior y el suroeste del país dejando un balance de 369 muertos, más de 7.000 heridos y 250.000 personas sin hogar.

Tras el terremoto de este lunes, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, confirmó el primer muerto en Colima, estado del occidente del país, donde una persona murió por la caída de un muro. El mandatario publicó en sus redes sociales que el secretario de la Marina, José Rafael Ojeda, reportó que la persona falleció en un centro comercial en Manzanillo, Colima, cerca del epicentro del terremoto, ocurrido a 63 kilómetros al sur de Coalcoman, en el vecino estado de Michoacán.

terremoto mexico

Cinco años después de lo ocurrido, EL MUNDO visita la ‘zona cero’ de la tragedia para comprobar cómo sus habitantes tratan de rehacer sus vidas tras haberlas visto reducidas a escombros.

En términos generales, la Ciudad de México fue la urbe que más daños sufrió durante el terremoto de 2017 pero, proporcionalmente, hubo otros lugares que salieron peor parados. En Jojutla, una ciudad de apenas 50.000 habitantes, murieron 73 personas, hubo cientos de heridos y cerca de 3.000 estructuras, incluyendo viviendas, iglesias, negocios o plazas públicas, sufrieron daños o quedaron completamente destruidas. Los días posteriores al seísmo, mientras la atención mediática y las donaciones internacionales eran acaparadas por la capital del país, los habitantes de este pequeño municipio de Morelos, ubicado a 60 kilómetros del epicentro, tuvieron que sobreponerse a la tragedia sin más ayuda que la propia.

A Yanahí Domínguez el terremoto le pilló en la ducha. Salió como pudo, agarró algo de ropa y trató de bajar las escaleras de su casa, pero el miedo y las sacudidas la paralizaron. Amarrada en la barandilla, recuerda con pavor que la casa «se hundía» y las paredes «se movían y doblaban como si fueran de cartón». Finalmente, la estructura colapsó y Domínguez quedó sepultada por varias toneladas de escombros, «me daba por muerta», reconoce a EL MUNDO, «solo rezaba para que fuera sin dolor». Pasó cuatro horas atrapada, tragando humo y sin poder moverse, hasta que su hermano logró rescatarla llena de polvo, magulladuras, varias costillas rotas y un esguince de tobillo.

Para saber más

En un minuto y medio de temblor, Domínguez lo perdió todo. Se vio obligada a vivir varios meses en un albergue y depender de la caridad para vestirse y alimentarse. A día de hoy, todavía sufre secuelas psicológicas por lo ocurrido: tiene pesadillas recurrentes, agorafobia y le cuesta pasear por su antiguo barrio. A pesar de todo, mira al futuro con optimismo, está a punto de estrenar su nueva casa, levantada con sus ahorros y la ayuda de la ‘Fundación Échale’. En Jojutla, más de 3.000 familias se han visto beneficiadas directamente por ayudas gubernamentales y privadas para reconstruir sus viviendas tras el terremoto.

Antonio y su esposa Lupe posan frente a la casa que están construyendo poco a poco en Jojutla.PABLO SÁNCHEZ OLMOS

El arquitecto José Luis Hernández Bañuelos nunca había estado en Jojutla, pero, tras conocer los daños que había sufrido la ciudad, decidió trasladarse para echar una mano. Cuando llegó a la colonia Emiliano Zapata, recuerda que «no había piedra sobre piedra, era un nivel de devastación absoluto, calles enteras convertidas en escombros». Bañuelos tuvo entonces una gran idea: proponer a sus alumnos de la Universidad Anáhuac que emplearan su trabajo de fin de carrera en diseñar viviendas para los damnificados. Todos aceptaron. El ‘Proyecto Esperanza’, como fue bautizado, ha permitido levantar 40 casas en Jojutla que benefician a 265 personas.

Los damnificados solo tienen que pagar la mano de obra, mientras que el diseño, la supervisión y los materiales corren a cargo de los donantes. Bañuelos denuncia que muchas construcciones del país «nunca tendrían que haber existido» por no estar debidamente preparadas para resistir los temblores. En el caso de la colonia Zapata, asegura que se levantaron viviendas «en una zona de mucha agua, sobre campos de cultivo y sin cálculos estructurales». Afortunadamente, las viviendas del ‘Proyecto Esperanza’ siguen los estándares de seguridad requeridos y sus inquilinos pueden vivir tranquilos.

Dos meses después del temblor, a las puertas de una tienda de plástico donada por el Gobierno chino, Verónica Bravo confesaba a este reportero que, entre tanta miseria, se sentía afortunada porque la tragedia había sucedido durante el día, «si llega a ser por la noche, toda esta calle habría sido un cementerio». Como muchos de sus vecinos, Bravo y su familia se vieron obligados a vivir durante casi un año en un carpa -a merced del frío y de la lluvia- sin más lujos que una cocina eléctrica y unos colchones en el suelo. Cinco años después, Bravo nos recibe sonriente a las puertas de su nueva casa construida con el apoyo de ‘Proyecto Esperanza’. Reconoce que les costó mucho esfuerzo y años terminar la vivienda, «la íbamos haciendo poco a poco con nuestros ahorros, ya solo le faltan las puertas de los cuartos y algún detalle».

Hubo otros afectados en Jojutla que no tuvieron tanta suerte. Antonio perdió su casa, tres familiares y la audición de un oído en el terremoto, lo que provocó que le echaran de su trabajo como vigilante. A diferencia de muchos vecinos, no pudo acceder a una ayuda para reconstruir su vivienda porque el terreno pertenecía a otra persona. Se mudó con unos familiares y ahora repara bicicletas a domicilio. Con lo poco que consigue ahorrar, va levantando un hogar que, por ahora, solo tiene la estructura de hormigón, «si no conseguimos ayuda, nunca la terminaremos», reconoce pesimista. Las autoridades locales han denunciado que muchos damnificados han destinado las ayudas para la reconstrucción en otras cosas y que, muchos otros, han sido estafados por presuntas empresas constructoras que se fugan con el dinero.

Escuela reconstruida Emiliano Zapata de Jojutla.PABLO SÁNCHEZ OLMOS

A pesar de todo, el presidente municipal de Jojutla, Juan Ángel Flores Bustamante, está satisfecho con la transformación que está viviendo la ciudad. Presume que su estrategia de seguridad, basada en el uso de drones de vigilancia, ha logrado reducir los índices de violencia «en un 50% desde el 2018» y que la reconstrucción les ha dado la oportunidad de «repensar los espacios públicos para darles una nueva imagen que genere riqueza y atraiga el turismo». Alberto Kalach, uno de los arquitectos contemporáneos más conocidos de México, ha sido uno de los que ha llegado hasta Jojutla para dejar su huella.

El creador de la Biblioteca Vasconcelos transformó los escombros de la humilde y periférica escuela de primaria Emiliano Zapata en una imponente obra de arcos de hormigón y amplios patios funcionales que se ha convertido en el orgullo del barrio y la envidia de los demás. La firma alemana ‘Dellekamp/Schleich’ estuvo detrás de la reconstrucción del Santuario del Señor de Tula, un lugar con más de 300 años de historia que quedó severamente dañado en el terremoto. El resultado final es una capilla abierta y moderna a la que los visitantes descienden a través de un piso escalonado.

La plaza central de Jojutla, uno de los lugares más devastados por el seísmo, ha sufrido un profundo lavado de cara: se ha restringido el tráfico, se han ampliado las zonas verdes y peatonales y se ha creado un espacio acogedor e inclusivo de arcos de ladrillo descubierto y amplias plazas con asientos. Actualmente, el 90% de las viviendas y el 60% del patrimonio histórico de la ciudad se ha reconstruido por completo. El Palacio Municipal es uno de los que aún permanece cerrado, ya que el gobierno federal no ha liberado todos los recursos destinados a su reparación. Este 19 de septiembre se cumplen cinco años del peor día de la historia de Jojutla, la ‘zona cero’ del terremoto que, a pesar de las dificultades, resurge de sus cenizas.

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